El manchego Rubén Pinar volvió a triunfar en una plaza que se le está convirtiendo en talismán para su carrera. Con los toros de Nicolás Fraile, cortó una oreja a cada uno de su lote, el único manejable de todo el encierro, con decisión, oficio, listeza y entrega. Triunfo sin discusión que lo sitúa en el podio de los más destacados matadores del ciclo levantino.
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Valencia (Esp.).- Fue la tarde de Rubén Pinar. Con un encierro manso en líneas generales de la casa Fraile que aburrió hasta el empedrado, Pinar sorteó el lote con más clase y nobleza de los seis, lo que le sirvió para cortar una oreja en cada uno de ellos, ganadas con todo merecimiento. Su puerta grande en Valencia viene a refrendar la inteligencia de este torero y su afición y ganas por triunfar, reponiéndose en situaciones complicadas y muy deslucidas como la tarde de hoy, donde captar el interés del público resultaba una tarea complicada.
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Texto: Alfonso Sanfelíu Fotograía: Rafael MATEO
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