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Valencia (Esp.).- No fue hasta el cuarto de la tarde, cuando rodó el novillo de Javier Molina, el momento en el que se despertó la afición. Muerto el novillo a las manos de Saldívar le fueron a parar las dos orejas de este noble animal, después de lograr un trasteo con la muleta desigual aunque con entrega, voluntad y ganas. El de Molina, salió metiendo bien la cara en el recibo de capote, para llegar al caballo y plantear una pelea de manso, cabeceando, saliendo sin estilo de la montura y empujando después, en el segundo puyazo trasero, sin clase del que además salió suelto. De ahí que no se entienda la vuelta al ruedo póstuma de la res.
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Texto: Alfonso Sanfelíu Fotograía: Rafael MATEO
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